
Nunca puso un pie en Maranello ni guió un monoplaza de 2.400 centímetros cúbicos, no logró títulos mundiales ni vio su imagen estampada en periódicos de todo el mundo, pero su nombre también pertenece a la historia de la Fórmula-1 española. Julio González-Pola Sicluna abrió el círculo que ahora cierra Fernando Alonso. La figura del bicampeón del mundo que iniciará la próxima temporada al volante de un monoplaza de 'Il Cavallino Rampante' es bien conocida, no así la del primero de nuestros compatriotas que compitió con un coche de la escudería italiana. A ambos les une su origen asturiano.
Uno de sus lejanos parientes, Arturo González-Pola, ovetense de 57 años afincado en Madrid, ha dedicado los dos últimos años a rastrear la vida y obra del hermano de su bisabuelo. En el barrio barcelonés de Pedralbes, Julio González-Pola se convirtió en el primer español que compitió, por un día, al volante de un Ferrari. Ocurrió en octubre de 1948, durante el Gran Premio Penya Rhin, la última carrera del Campeonato Mundial de Grand Prix, que dos años más tarde pasaría a llamarse Fórmula-1.
Pola nació en Madrid, pero era hijo del escultor ovetense Julio González-Pola García y su posición económica le permitió alquilar uno de los tres Ferrari para una carrera que ganó Giuseppe Farina con un Maserati (el italiano se convertiría en 1950 en el primer campeón mundial de F-1, con un Alfa Romeo).
La participación de Pola se vio condicionada por las circunstancias. El representante de Ferrari en España le ofreció el coche, de 125 centímetros cúbicos, en la víspera de la carrera y no tuvo tiempo para participar en la calificación, por lo que salió en el último puesto de la parrilla (21). Necesitó cinco vueltas para adaptarse (era un circuito urbano con cuatro kilómetros y medio de recorrido), debido al «ruido, el polvo y a que los coches estaban muy pegados», según dijo días después. Finalmente, se retiró -por una avería en una válvula, según unas fuentes, y por una salida de pista, según otras-, pero antes firmó la vuelta rápida de los españoles, a una media de 151 kilómetros por hora.
«Era la primera vez que se subía en un bólido y al parecer llegó a alcanzar la cuarta posición durante la carrera. Debía de ser un hombre muy valiente que sacaba a sus coches lo máximo», apunta Arturo González-Pola, quien descubrió la figura del piloto mientras investigaba en su árbol genealógico. «Vi que uno de los antepasados se había ido a Venezuela. Me picó la curiosidad y me puse a investigar», afirma. Para ello se puso en contacto con informantes de España, Venezuela, Argentina y Estados Unidos.
Atropello y exilio
Tras su debut en Cataluña, Ferrari ofreció un contrato a Julio Pola, pero la fatalidad truncó su carrera. Atropelló mortalmente con su coche particular a un ciclista en las calles de Madrid y acabó en la cárcel. Al salir, se exilió en Venezuela, donde cambió de nacionalidad. Murió en 1970 en Caracas, a la edad de 57 años, víctima de un cáncer. «Fue un ídolo en Venezuela, pero nadie sabía que había sido el primer piloto español de Ferrari», asegura Arturo, que no da por cerrada la investigación. «Me faltan por completar algunas partes de su historia», afirma este asturiano, casado y con dos hijos, que trabaja en el sector de la informática.
No cree que al hermano de su bisabuelo le supusiera un lastre tener que seguir su carrera en Sudamérica. «Podría haber triunfado en Europa, pero Venezuela en aquellos años era un sitio estupendo para este deporte». Llegó a compartir pruebas con el pentacampeón mundial Juan Manuel Fangio.
Después, la leyenda fue nublando su figura. Se decía que renunció a la nacionalidad española y que era hijo del rey Alfonso XIII, «por su enorme parecido con él». Uno de sus descendientes trata ahora de aportar luz en torno a este piloto.
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