Hace sesenta años era habitual que los pilotos alquilarán el derecho a competir. Julio Pola fue un hombre adinerado y ello le permitió salir a pista. «En un gran premio de Venezuela acabó segundo. El que ganó tenía un monoplaza con 60 caballos más y al acabar la carrera le compró el coche al ganador», asegura Arturo González-Pola.
Añade que «los pilotos de la época dorada de Venezuela eran millonarios y los premios no cubrían la inversión necesaria para competir, porque había carreras muy largas. Podían tirarse 750 kilómetros dándole caña a un Ferrari y el coche acababa mal. Entre ellos había compañerismo y se prestaban coches sabiendo que se los iban a devolver destrozados».
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